martes, 12 de marzo de 2013

Chez Dom Pérignon

Cuando llegan muchos cambios, intento agarrarme a las cosas que creo inamovibles. Judith, por ejemplo, me dijo una vez que Angela Lansbury la calmaba porque siempre estaba allí. Esa cosa que para mí no cambia es Francia y el hecho de que esté quieta me ayuda a darle contenido a las cosas. Todo va tan rápido que a veces saltan chispas. El problema es que cuando me paro, como no veo nada, me quemo del todo, así que ante tanto vacío existencial pongo a la risa por testigo.

Francia es antigua como ella sola. ¡Desde que estoy aquí, que no había escrito tantas cartas en mi vida! La administración se mueve así -sobre va y sobre viene-, nada en telemático, porque hacerlo sería corromper esa cultura clásica que hay que resguardar, piensan, no vaya a enganchársele algo de los americanos; cuando la grandeza ya la lleva por sí sola… Pero, en fin, entre carta y carta, cada día me piden la dichosa carte vitale, y yo les digo que todavía no la tengo porque no me llega el sobre, pero que ya soy clienta de una mutua. Se llama Harmonie Santé Plus. El primer día que fui, la secretaria que me tramitaba los papeles me preguntó cómo quería las coronas, si de oro o de diente, oh la là, y ambas nos reímos, y al reírse vi que se le asomaba una gran muela de oro dorado, del antiguo, que me dejó tiesa.
Pero para tieso un amigo que pasó unas encuestas entre los primeros alumnos de una universidad de por aquí y ante la pregunta qué tres cosas no te gustan, una chica contestó:



Je n’aime pas l’injustice
Je n’aime pas la violence
Je n’aime pas le champignon


Ahí lo dejo.

Y es que aquí la canción “My way” la traducen como “comme d’habitude” y puedes oír tanto a un okupa como a un profesor de universidad decir “oh, merde” con el mismo tono, timbre, volumen y significado. El contexto podrá cambiar, pero en cuanto a lo que es uniformar, la France uniformó muy bien. En las ciudades no hay fuentes de agua potable, pero si las hubiera todos beberían de ellas y no dejarían olfatear a los perros. Eso sí, luego recogerían la caquita del suelo y dirían “oh, merde” con el mismo tono, el mismo ir viviendo, el mismo dejar hacer y no dejar entrar.

Luego cuento estas cosas a todo el mundo arguyendo que me hacen gracia cuando, en el fondo, me están asustando. Hay cosas que son tan sencillas que te devuelven de golpe a la realidad. Sin embargo, sólo hay ciencia de lo que está escondido, dijo Bourdieu. Cuando nada se esconde, hay que salir corriendo. De este vídeo, sobre todo: 


“Porque ellos tienen el petróleo pero no tienen agua” (Michel Sardou, 1979). Canción que va dentro de la campaña anti Arabia de la nueva Europa del mercado común.

lunes, 18 de febrero de 2013

Por los soles compartidos


A mi abuela

“ – Habrá momentos apasionantes y habrá días grises, tediosos. Tendrás amigos, unos de verdad y otros falsos. Tendrás todo tipo de enemigos, es inevitable. No se te va a perdonar nada, no lo esperes. Esta sociedad es así, agitada todavía por provincianismos, rencores sociales, arcaísmos. Pero el día en que en tu primer viaje oficial veas a un jefe de la Guardia Civil cuadrarse ante Federico Sánchez, te darás cuenta de lo que ha cambiado este país, sabrás lo que significa tu presencia en el Gobierno…”
Felipe González a Jorge Semprún, semanas antes de que éste fuera nombrado ministro de Cultura (Federico Sánchez se despide de ustedes)

Y el país cambió contigo sin cambiar tú.

Cuando eras pequeña, tu madre os preguntó a los tres qué queríais ser. Tu hermana la Rubia contestó costurera, tú, bordadora, y tu hermano el pequeño gritó: “¡Yo, carpintero!”. Así fue. Porque eres de las que dices las cosas y éstas ocurren. No hay susurro, no hay rumor. Hay. Autosuficiencia, sin treguas para la acción.

Siete años siete cuando la guerra. Ves cómo se llevan en grupo a los trabajadores del tren. Cada turno hacia la noche de los tiempos. Si hubiera sido al turno siguiente… Unas horas, unas horas tan sólo y estaríamos aquí de otra manera, más fácil, menos amarga.

A tu padre lo fusilaron; tu tío se salvó. Y ahí comenzó tu viaje hacia la responsabilidad.

Producir para vivir (tú, allí) y no vivir para consumir (yo, aquí).
Manos fuertes que lo dejan todo en su sitio, magníficamente colocado, y manos temblorosas que no saben qué tocar.

¿Cómo pueden hablar dos mujeres de dos épocas?

Si pudiéramos hablar de tú a tú, sin el miedo de por medio.
Si pudieras explicarme lo que significó el socialismo en España.
Si pudiera compensar lo que sufriste.
Me dueles por todos los lados.

Sí. Al comprender que es cuestión de intentar comprender, dos mujeres continúan hablando sin fin.

¿Me oyes? Te escucho.  


 

jueves, 10 de enero de 2013

Se busca

Pese a todo, queda la poesía de los invisibles. Apartheid aparte.

 
Searching for the Sugarman (2012), de Malik Bendjelloul


Les invisibles (2012), de Sébastien Lifshitz