jueves, 9 de mayo de 2013

A d’Amour


« La lucidité est la blessure la plus rapprochée du soleil »
René Char

Hier j’ai vu Amour, dernier film de Haneke.
Deux copines médecines, à la première, ont ri beaucoup au cinéma, deux femmes médecines qui, devant l’irréalité du film, par rapport à la maladie et à la médicine, et par rapport à cela qu’il convient de faire, ont pris une distance infranchissable. Et c’est justement sur la distance et son impossibilité de dépassement sur laquelle est construit Amour.
Haneke y trace deux distances : celle du mari et celle des autres. La deuxième est la distance de la fille, du musicien, des médecines –au film et au cinéma–, de ceux qui viennent à parler du bien et du mal. Mais la distance terrifiante, c’est celle du mari. C’est la distance de se savoir dans un endroit sans temps et sans espace, de se savoir traversé par la maladie et le thanatos inhérent à la vie. De se savoir empêché à aller jusqu’au fond.

Dans ce trajet, unique et singulière, la lutte se présente comme infinie. Mais l’infinitude est accompagnée de l’élégance du héros, qui s’entête à arriver jusqu’à la limite. C’est pourquoi la sensation d’irréalité : comprendre ce qui s’est passe est déjà irréel. Et ce manque, cette erreur, n’est autre chose qu’Amour.

Amour, du latin amare, c’est aimer quelqu’un d’amour ou d’amitié. Aimer dans la distance, dans la différance, c’est vraiment aimer, dit le philosophe français. Aimer dans la fraternité ce serait s’approprier de quelqu’un, le contraire à aimer. Aimer signifie s’éloigner, en savant une limite qu’on ne peut pas dépasser, et qu’elle est là, du début. Une limite qu’implique approcher la blessure au soleil : c’est la blessure de la lucidité. Tel le héros de Haneke.

Amour, c’est amour de quelque chose ou amour de rien ? C’est l’amour des choses belles, dit Agathon. Mais, alors, si amour aime des choses belles mais ces choses sont éloignées, amour est beau ou il n’est pas beau ? Non, amour n’est pas beau, dit Diotime, l’unique femme qui parle chez Platon. Amour, c’est ni beau ni laid. L’amour n’est fait que pour désirer le beau et le bien. Voici l’histoire :

Aphrodite, déesse de la beauté. Pour sa naissance, les dieux célébrèrent un banquète. Le dieu Ressource, dieu de l’intelligence, se trouvait entre eux. Il but de nectar en abondance. Il tomba à s’endormir. Devant, Penia, déesse de l’indigence, patientait. Elle venait manger les restes du banquète. Quand elle vit le dieu, elle eût l’idée d’avoir un enfant avec lui. Cette nuit, elle fût enceinte d’Amour. Voilà qu’Amour, qui vint au monde le même jour qu’Afrodite, est de nature amoureux du beau et de la pauvreté. Amour n’a pas de maison, amour dorme dans les coins de la rue. Mais Amour est aussi passionnante. C’est pourquoi le même jour Amour peut déborder de vie et puis mourir. Amour peut tout conquérir ; de toute façon, le jour après il ne lui restera que presque rien. Amour est pauvre. C’est la passion avide, sans cesse, pour celui qui est beau.

C’est en essayant d’arriver jusqu’à la fin que le blanc de la page peut s’écrire. Gagner quelques mètres à la distance, ou habiter avec elle. De toute façon, comme Nancy nous rappel, « ce qu’on ne peut plus dire, il convient de ne pas cesser d’en parler ». Écrire, m’écrire, est pousser le langage jusqu’à une certaine limite. Amour c’est aimer jusqu’à la limite. Je veux me tenter dans ma propre limite.

C’est pourquoi un dictionnaire commence entre d’autres, avec la seule ambition d’écrire pour les idiots, ça veut dire, de me mettre à la place des bêtes, comme faisait la double A d’Antonin Artaud. Dictionnaire des petits exercices, petites expériences, petites anxiétés quelques fois en français, d’autres en espagnol, et encore en catalan. J’écrirai pour dépasser ma limite en savant la bêtise, mais pour respirer. Pour affranchir avec vous. Pour sortir ma bêtise et la donner en amour. Et ainsi je continuerai à rêver.

martes, 12 de marzo de 2013

Chez Dom Pérignon

Cuando llegan muchos cambios, intento agarrarme a las cosas que creo inamovibles. Judith, por ejemplo, me dijo una vez que Angela Lansbury la calmaba porque siempre estaba allí. Esa cosa que para mí no cambia es Francia y el hecho de que esté quieta me ayuda a darle contenido a las cosas. Todo va tan rápido que a veces saltan chispas. El problema es que cuando me paro, como no veo nada, me quemo del todo, así que ante tanto vacío existencial pongo a la risa por testigo.

Francia es antigua como ella sola. ¡Desde que estoy aquí, que no había escrito tantas cartas en mi vida! La administración se mueve así -sobre va y sobre viene-, nada en telemático, porque hacerlo sería corromper esa cultura clásica que hay que resguardar, piensan, no vaya a enganchársele algo de los americanos; cuando la grandeza ya la lleva por sí sola… Pero, en fin, entre carta y carta, cada día me piden la dichosa carte vitale, y yo les digo que todavía no la tengo porque no me llega el sobre, pero que ya soy clienta de una mutua. Se llama Harmonie Santé Plus. El primer día que fui, la secretaria que me tramitaba los papeles me preguntó cómo quería las coronas, si de oro o de diente, oh la là, y ambas nos reímos, y al reírse vi que se le asomaba una gran muela de oro dorado, del antiguo, que me dejó tiesa.
Pero para tieso un amigo que pasó unas encuestas entre los primeros alumnos de una universidad de por aquí y ante la pregunta qué tres cosas no te gustan, una chica contestó:



Je n’aime pas l’injustice
Je n’aime pas la violence
Je n’aime pas le champignon


Ahí lo dejo.

Y es que aquí la canción “My way” la traducen como “comme d’habitude” y puedes oír tanto a un okupa como a un profesor de universidad decir “oh, merde” con el mismo tono, timbre, volumen y significado. El contexto podrá cambiar, pero en cuanto a lo que es uniformar, la France uniformó muy bien. En las ciudades no hay fuentes de agua potable, pero si las hubiera todos beberían de ellas y no dejarían olfatear a los perros. Eso sí, luego recogerían la caquita del suelo y dirían “oh, merde” con el mismo tono, el mismo ir viviendo, el mismo dejar hacer y no dejar entrar.

Luego cuento estas cosas a todo el mundo arguyendo que me hacen gracia cuando, en el fondo, me están asustando. Hay cosas que son tan sencillas que te devuelven de golpe a la realidad. Sin embargo, sólo hay ciencia de lo que está escondido, dijo Bourdieu. Cuando nada se esconde, hay que salir corriendo. De este vídeo, sobre todo: 


“Porque ellos tienen el petróleo pero no tienen agua” (Michel Sardou, 1979). Canción que va dentro de la campaña anti Arabia de la nueva Europa del mercado común.

lunes, 18 de febrero de 2013

Por los soles compartidos


A mi abuela

“ – Habrá momentos apasionantes y habrá días grises, tediosos. Tendrás amigos, unos de verdad y otros falsos. Tendrás todo tipo de enemigos, es inevitable. No se te va a perdonar nada, no lo esperes. Esta sociedad es así, agitada todavía por provincianismos, rencores sociales, arcaísmos. Pero el día en que en tu primer viaje oficial veas a un jefe de la Guardia Civil cuadrarse ante Federico Sánchez, te darás cuenta de lo que ha cambiado este país, sabrás lo que significa tu presencia en el Gobierno…”
Felipe González a Jorge Semprún, semanas antes de que éste fuera nombrado ministro de Cultura (Federico Sánchez se despide de ustedes)

Y el país cambió contigo sin cambiar tú.

Cuando eras pequeña, tu madre os preguntó a los tres qué queríais ser. Tu hermana la Rubia contestó costurera, tú, bordadora, y tu hermano el pequeño gritó: “¡Yo, carpintero!”. Así fue. Porque eres de las que dices las cosas y éstas ocurren. No hay susurro, no hay rumor. Hay. Autosuficiencia, sin treguas para la acción.

Siete años siete cuando la guerra. Ves cómo se llevan en grupo a los trabajadores del tren. Cada turno hacia la noche de los tiempos. Si hubiera sido al turno siguiente… Unas horas, unas horas tan sólo y estaríamos aquí de otra manera, más fácil, menos amarga.

A tu padre lo fusilaron; tu tío se salvó. Y ahí comenzó tu viaje hacia la responsabilidad.

Producir para vivir (tú, allí) y no vivir para consumir (yo, aquí).
Manos fuertes que lo dejan todo en su sitio, magníficamente colocado, y manos temblorosas que no saben qué tocar.

¿Cómo pueden hablar dos mujeres de dos épocas?

Si pudiéramos hablar de tú a tú, sin el miedo de por medio.
Si pudieras explicarme lo que significó el socialismo en España.
Si pudiera compensar lo que sufriste.
Me dueles por todos los lados.

Sí. Al comprender que es cuestión de intentar comprender, dos mujeres continúan hablando sin fin.

¿Me oyes? Te escucho.  


 

jueves, 10 de enero de 2013

Se busca

Pese a todo, queda la poesía de los invisibles. Apartheid aparte.

 
Searching for the Sugarman (2012), de Malik Bendjelloul


Les invisibles (2012), de Sébastien Lifshitz