martes, 11 de noviembre de 2008

En el café de la juventud perdida

París, años 60. La puerta de entrada a la última novela de Patrick Modiano es el ambiente de un café parisino regentado por bohemios, artistas, escritores, situacionistas y algunos otros anónimos, con el humo y el alcohol como marco y el ajetreo de las conversaciones del Lundi Rue Christine de Apollinaire como tour de force. Pero es en los últimos, los anónimos, en los que se centra Modiano, apartando con el brazo a conciencia toda la magia de esa época, justamente para mejor evocar su cara más bestia. Como en todas las novelas del escritor francés, son los que buscan la propia identidad los que representan el clima de un pasado en el que, si bien se respira el humo, la energía y la rebeldía del París de entreguerras o posguerra, se saca a relucir sus entrañas más terribles: las del día a día de los sin salida; los verdaderos aplastados que viven en paralelo la ilusión de la modernidad de la década, pero que lo hacen con paso etéreo,sin entrar en ella, por la misma inmaterialidad de su persona.

La protagonista sin identidad esta vez es Louki, una chica joven que suele ir a rodearse de nombres propios a Le Condé, el café de la juventud perdida, título sacado de una nostálgica frase de Guy Debord. La conocemos desde el presente y a través de la voz de cuatro hombres con nombres falsos que nos hablan de lo poco que saben de ella a la vez que siguen el misterio que ha dejado su rastro. Desde el asistente del café hasta Roland, su última pareja; desde su maestro gurú (de nombre Guy de Vere -cuidado con a la reminiscencia a Guy Debord, el teórico de la deriva) hasta un inspector que podría ser su alma gemela, los cuatro le siguen la pista como si de una novela policíaca se tratase. El resultado con el que se encuentra el lector es un puzzle en que las piezas encajan; ahora bien, un puzzle con mucha niebla, en que las cosas se pierden para no verse más.




Porque Louki es Louki de las zonas neutras, de esos protagonistas de Modiano que viven en un lugar de visagra, como el Modiano de Un pedigrí, la fantástica novela autobiográfica en la que el autor nos pasaba el sinsignificado de su libro familiar. Ambos son personajes que viven en el desierto para no salir de él: su no-lugar es el de paso entre un lugar y otro. Como el protagonista de Centauros del desierto, no hay ni un dónde vas ni un dónde vienes. Su sitio es el desierto, el espacio no-espacio, el puente que tiende un abismo a cada lado. Louki no tenía “más recuerdos buenos que los de huida o de evasión. Pero la vida siempre volvía por sus fueros”. Y es ahí, sin traspasar el umbral de las calles de París, esas “tierras de nadie, en donde estaba uno en las lindes de todo, en tránsito, o incluso en suspenso”, donde el autor tiene que vagar para poder explicarlo.

Modiano superviviente, Modiano escritor. Su estilo elegante y minimalista es la expresión más afilada y dura de la escritura del dolor actual. Sin embargo, Modiano transforma ese dolor para dejarle al lector una prosa depurada, enfriada, que conforma un ambiente nebuloso en el que sus personajes maltratados por la vida se pierden para pasar al infinito.

Las historias de Modiano son de una profunda tristeza, pero siempre están explicadas desde una contención y una fragilidad en las que parece que su voz se vaya a apagar a la hora de sacar a relucir lo indecible. De andar lo desandable, de recordar los puntos de referencia de una vida por miedo a caer en el vacío. Pero no, la voz de Modiano no se apaga, sino que se convierte en uno de los ejemplos más bellos de la escritura del dolor a caballo de dos siglos. Hasta ahora Quignard y Michon han sido los dos nombres más laureados de la literatura francesa del XXI. Pero la presencia de Patrick Modiano a su lado es hoy imprescindible.

Modiano ha traspasado el umbral de la literatura. Y ahora es uno de los más grandes escritores vivos.


Dicen por ahí que, en el café de Le Condé, Louki solía escuchar L'Accordéoniste:


3 comentarios:

  1. avui mateix prenc el llibre, por perdida

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  2. Intelectuala!!! Un pajarillo me ha dicho algo de un grupo...Has oído hablar de la Fonográfica General???

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  3. A mi me ha gustado que sea breve, que esté bien contada, el juego de narradores y deambular literariamente por el París de los 60 (auténtica co-protagonista del libro), ahora bien, la historia es bastante rarita en fondo y forma y puede desconcertar a lectores convencionales que busquen tramás más precisas y menos fragmentarias. Es un libro amargo.

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